El aceite de masaje es ideal para la correcta aplicación del masaje corporal y, por tanto, es ideal para la transmisión de movimientos y presiones manuales regulares sobre los tejidos biológicos para conseguir así acciones terapéuticas y estéticas.

El aceite permite que las manos se deslicen con facilidad, consiguiendo una frotación corporal en profundidad. Con todo ello, se consiguen los máximos efectos positivos sobre las zonas tratadas sin esfuerzo importante del usuario o del masajista.

Mediante el masaje se activa la circulación sanguínea y el drenaje linfático, promoviendo la eliminación de sustancias metabólicas de desecho y aportando factores de regeneración.

Todo este movimiento de linfa y sangre alivia las inflamaciones y contracciones musculares dolorosas, la artritis, la fibrosis, los traumatismos musculares… Y el resultado final es una tonificación, renovación y reactivación general de las partes corporales tratadas.

Se pueden fabricar aceites con diferentes aromas y materias primas que aportan al aceite de masaje un olor y unas propiedades determinadas. Podemos destacar, entre otros, el aceite de masaje de almedras, con aroma a almendra dulce o el de romero.

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